Motor: M-25 de 725 HP
Envergadura: 9,00 m
Longitud: 5,90 m
Velocidad máxima: 455 Km/h
Velocidad de crucero: 300 Km/h
Velocidad mínima: 115 Km/h
Techo operativo: 9.200 m
Autonomía: 820 Km
Acomodo: Monoplaza
Armamento: 4 ametralladoras ShKAS de 7,62 m
Peso vacío: 1.200 Kg
Peso total: 1.460 Kg
Primer vuelo: 31 de diciembre de 1933
Copyright: Fundación Infante de Orleans
Carretera del Barrio de la Fortuna, 14
Edificio Real Aeroclub de España
28054 Madrid, Spain
Tel: +34915085776
fax: +34915081696
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Cuando en noviembre del 36 las fuerzas nacionalistas llegaban a las puertas de Madrid, los aviones atacantes se vieron de pronto sorprendidos ante la presencia de unos pequeños monoplanos pintados de gris, que “parecían salir de las alcantarillas” e inmediatamente los atacaban, haciendo gala de una gran velocidad. Por esta razón, llamaron prontamente “Ratas” a los que, por otra parte, creían ser una versión con tren retráctil del Boeing americano. (Tal vez pensaran entonces, que los rusos eran demasiado brutos para diseñar por sí mismos un avión tan avanzado).
Concebido por Nicolai Policarpov a comienzos de 1933, el último día de ese mismo año el famoso piloto Valeri Tchkalov elevaba por primera vez del suelo un prototipo con motor M.22 de 480 HP. y llamado TsKB-12, cabeza de serie de los 8.643 I-16 que habrían de se construidos, y en uno de los cuales, por cierto, se mataría en accidente cinco años más tarde el propio Tchkalov.
Es precisamente esta Fundación la que, con la ayuda de muchos y el impulso de unos cuantos, ha conseguido recientemente cumplir su sueño de siempre, recuperar un avión tan emblemático como el “Mosca”.
En agosto de 2005 llegó a Madrid, procedente de Nueva Zelanda, un I-16 reconstruido en Rusia con restos encontrados en 1992 junto al lago Kokkoyarvi, en la tundra de la Karelia limítrofe con Finlandia. Pintado a semejanza del legendario CM-249 “Seis Doble”, con el que Bravo se “jugara el bigote” hace setenta años sobre nuestra patria común, vuela ahora felizmente pilotado por el Presidente de la FIO, Carlos Valle.
Caza pionero de una nueva época, si bien difícil e inestable y por tanto mala plataforma de tiro, así como de fabricación poco cuidadosa, era en cambio muy ágil en el aire y tenía excelente armamento, unido a un óptimo régimen de subida. De entre los pilotos españoles que mandaron escuadrillas, destacaron Manuel Aguirre, Eduardo Claudín, Manuel Zarauza y José María Bravo; especialmente estos dos últimos, que con diez victorias acreditadas cada uno y jefes sucesivamente ambos del Grupo 21 de Moscas, prestaron después servicio con la aviación rusa en la Segunda Guerra Mundial, muriendo en ella Zarauza en 1942 como coronel de la V-VS, y llegando Bravo a su final, para ver ahora justamente reconocido su grado de coronel de nuestro Ejército del Aire. Junto a su “media naranja”, la encantadora Natasha, es fijo asistente a las exhibiciones mensuales de la Fundación Infante de Orleans.
Iniciada una serie de cien “Super Moscas”, parece que fueron catorce los entregados durante la guerra, recuperando los nacionales material suficiente como para completar unos treinta después de su final. Si a esto añadimos otros veintidós capturados en estado de vuelo o devueltos por Francia, tenemos los cincuenta y dos que como C.8 volaron con el Ejército del Aire en la posguerra (a más de dos UTI-4 también recuperados) primero con el Grupo 8 de Baleares, luego con el 26 de Tablada y finalmente en la Escuela de Caza de Morón, donde el último superviviente fue dado de baja en septiembre del 53, siendo el desguace su triste e injusto destino.
Al margen de nuestra guerra, los I-16 combatieron sobre China a los japoneses, sobre Karelia a los finlandeses y a los invasores alemanes sobre las planicies de Ucrania y las estepas de rusia, donde el I-16/24, aunque provisto de cañones y motor M.62 de 1.000 HP, no podía ya hacer frente a los Me-109E o F, pese a lo cual continuó en primera línea hasta 1943.
Avión emblemático, que como “Mosca” voló con la República durante la Guerra Civil y como “Rata” en la posguerra en las filas del Ejército del Aire, el Policarpov I-16, llámesele Mosca o Rata, lo hace ahora brillantemente con la Fundación Infante de Orleans en la España de todos.
Vinieron luego la campaña del Norte -donde lucharon en condiciones de notoria inferioridad logística- Brunete, Teruel y el Ebro, siendo esta terrible batalla de desgaste el principio de su fin, que llegó meses más tarde con el desastre en Cataluña.
Operados generalmente en conjunción con los “Chatos”, los “Moscas” aprendieron a lo largo de la guerra, que su oportunidad de victoria contra los Fiat consistía en atacarlos de una rápida pasada y romper el combate, pues en la clásica “pelea de perros”, el “Chirri” llevaba las de ganar, con su superior maniobrabilidad y penetración.
Muy difícil para el piloto medio, el nuevo avión fue el “coco” de la V-VS soviética, con sus delicadas características de aterrizaje y su tendencia a entrar en barrena al menor descuido.
Esto fue en parte corregido con la introducción UTI-4 de doble mando, y poco a poco los pilotos, familiarizados con la nueva montura, comenzaron a apreciar sus cualidades.
Así estaban las cosas, cuando en julio del 36 comenzó a arder España. Llegados en octubre los primeros “Moscas” (como los llamaron en el bando republicano) entraron en combate sobre Madrid el 15 del mes siguiente. Durante dos meses y medio, los “Ratas” o “Moscas” actuaron bajo el código de identificación CM
en todos los frentes, logrando inicialmente una cierta superioridad sobre la zona central, el Jarama y Guadalajara, pese a las limitaciones que aquí le impuso la “meteo”, con la mayoría de los campos embarrados.


El nuevo avión, demostró un notable margen de superioridad sobre el también monoplano I-14 de Tupolev, y a pesar de sus difíciles características de vuelo, empezó a salir de las cadenas de montaje como I-16 tipo 1, aún con el M.22.
Los primeros modelos producidos en número considerable, fueron los 4, 5 y 6, dotados ya con el Wright “Cyclone” americano, o de sus versiones rusas M.25 ó M.25A respectivamente. Cuando entró en servicio en 1935, el I-16 era el primer caza monoplano de tren retráctil que lo hacía en el mundo. De plano bilarguero en cajón, con estructura y borde de ataque metálicos, tenía un fuselaje todo hecho en madera recubierta con chapa de abedul, mientras que los planos iban entelados. El tren de aterrizaje se replegaba mecánicamente y tenía amortiguadores oleoneumáticos, así como frenos, los cuales fueron mecánicos al principio y neumáticos más tarde, pero siempre poco fiables. Los alerones podían ser bajados 15º, para hacer las veces de flaps en aterrizajes cortos.
El He-51 no fue rival de consideración, y tanto el Me-109B como incluso el C, estaban bastante parejos con él, siendo algo más rápidos y mejores plataformas de tiro, pero superados en velocidad de subida y armamento por el caza ruso.
El total recibido de la URSS parece que fue de 278 aviones -más cuatro UTI-4 de escuela, que llegaron en julio del 37- primero de los tipos 5 y 6, con dos ametralladoras y cabina cerrada (aunque de hecho siempre solía ir abierta) y, a partir de marzo del 38, los últimos 124, que eran ya del tipo 10 “Super Mosca”, con cabina abierta y cuatro armas. A una veintena les fue instalado en España el genuino motor “Cyclone” americano, sobrealimentado para vuelos a gran altitud, formándose con ellos la “escuadrilla del chupete”, mandada por Antonio Arias y llamada así por llevar instalación de oxígeno.