DIBUJO A PLUMILLA, AUTOR: JAIME VELARDE
El que habría de ser el más famoso entrenador básico de todos los tiempos, tuvo su origen en el NA- 16 "Yale" diseñado por J. Lee Atwood bajo la supervisión de James H. Kildenberger, Director de la recién nacida North American Aviation, de Inglewood (California).
Volado su prototipo en Abril de 1935, fue adoptado por el Army Air Corps como BT-9 y BT-14, fabricándose 517 para este cuerpo y casi otros tantos destinados a la exportación, vendiéndose además su licencia a Suecia, Australia y el Japón. De apariencia externa muy semejante a la que habría de tener el "Texan", llevaba sin embargo tren de aterrizaje fijo y un motor "Whirlwind" de menor potencia y diámetro. En Marzo de 1937, tuvo lugar en Wright Field una competición promovida por el mismo A.A.C, para un entrenador básico de combate.
El concurso fue ganado por el NA-26, derivado del "Yale" pero dotado ahora de tren retráctil y motor P&W "Wasp". Adoptado por tanto como BC-1 (Basic Combat) su denominación fue más tarde cambiada por la de AT-6 (Advanced Trainer) y la de fábrica, en interminable sucesión, por las de NA-36, NA-59, etc. hasta llegar a la más universalmente usada de T-6 "Texan", o SNJ en la U.S. Navy. En Diciembre de 1938 llegan a Inglaterra los primeros de más de 6.000, que con el sobrenombre de "Harvard" prestarán servicio como entrenadores en los diferentes países de la Commonwealth. Durante la Guerra Mundial, derivados suyos, como los A-27 de ataque y CA-1 "Wirraway", combatieron en Filipinas y Nueva Guinea a los japoneses, siendo el "Texan" entrenador básico estándar de todas las fuerzas aliadas.
En sus diferentes versiones (se pueden contar nada menos que 260 subtipos) se han fabricado hasta 1954, en que cesó su producción en Canadá, 21.342 descendientcs del NA-16 original. De este total, cerca de 20.000 corresponden propiamente a los T-6. Además de servir en más de cuarenta diferentes fuerzas aéreas y entrenar probablemente a más pilotos que ningún otro tipo de avión, se ha empleado en la postguerra para misiones de policía, que van desde la lucha contra cl MauMau en Kenia, hasta combatir a las guerrillas del "Che" Guevara en Bolivia. De plano bilarguero en su parte central y monolarguero en las semialas exteriores, tiene el fuselaje de tubo de acero, estando todo el conjunto forrado en chapa metálica, salvo en las partes móviles, que van enteladas.
El tren, frenos y flaps, son accionados hidráulicamente. Robusto, dócil y ágil, tiene una excelente conjunción de mandos y aunque noble, no permite descuidos al alumno, siendo por todo ello un avión que realmente enseña. El 7 de Agosto de 1954 y a bordo del portaaviones "Trípoli", desembarcan en Santander los primeros T-6D, entregados por la USAF en cumplimiento de los acuerdos hispano-americanos del año anterior. Puestos rápidamente en servicio en la Escuela Básica de Matacán (Salamanca) se les van agregando otros del mismo tipo, hasta completar sesenta ejemplares.
Otros tantos del modelo T-6G (transformación de postguerra, mejorada de instrumentación, con cabina simplificada y desprovista de armamento) van entrando en acción a partir de 1959. Hacia estas fechas acontecen los conflictos de Ifni y el Sahara, y al no poderse emplear en ellos aviones procedentes de la ayuda americana, paulatinamente se compran en EEUU y Francia otros 81 -con lo que se completan los 201 que han volado en el Ejército del Aire- los cuales, debidamente armados con ametralladoras, bomhas y cohetes, patrullan sobre las arenas del desierto, hasta la retirada de las fuerzas españolas del Sahara Occidental.
Como C.6 en versión armada o E-16 de escuela, vuelan nuestros T-6 hasta ser dados finalmente de baja en su último destino, la Academia General del Aire, el 26 de Junio del 82. A lo largo de estos años, la casi totalidad de nuestros pilotos militares se formaron en este avión, y entre los que más descollaron en él, podemos citar a Liniers, Lanuza, Canales y el inolvidable Gil de Montes. Múltiples T-6 permanecen en vuelo a través del ancho mundo, contándose por fortuna entre ellos dos de los nuestros, mantenidos en el aire como esenciales componentes de la Fundación Infante de Orleans.
En ella, y magistralmente volados por Quique Bueno, Luis Alvarez o Carlos Valle, en cerrada formación con el Beechcraft 18 o el "Saeta", su majestuoso vuelo y cambiante sonido al pasar sobre los aficionados, constituye sin duda uno de los principales atractivos de la exhibición
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