Jornada de “FIOleros” (Exhibición 7 de febrero de 2017)

FIOlero: dícese del aficionado incurable a la Aviación al que no le importa hacer frente al frío con tal de ver a sus aviones preferidos, los de la FIO.

¿A quién le puede extrañar que en febrero haga algo más que fresquito? Si en la exhibición del mes de diciembre comentábamos que disfrutamos de un tiempo bastante más cálido de lo que cabía esperar en esas fechas, hay que decir que en la de febrero la meteo respetó escrupulosamente el calendario. Tras una semana con bastantes lluvias -bienvenidas sean, por cierto-, el sábado amaneció mucho más despejado que los días anteriores, con algunas nubes medias pero sin precipitaciones y también con poco viento, por lo que la mañana se presentaba de lo más propicia para los entrenamientos. Una vez más los socios asistentes y sus acompañantes pudieron contemplar las evoluciones de nuestras aeronaves por la plataforma, los preparativos, los despegues y aterrizajes y alguna que otra sorpresa. Entre otras cosas se dieron el gustazo de ver de nuevo al diminuto Comper Swift en el aire, y también al Fairchild W-24, un avión precioso en busca de patrocinador con el que de momento no podemos contar en las exhibiciones, por lo que ésta fue una ocasión casi única para contemplarlo en vuelo. Estirando el cuello y aguzando la vista, porque se había ido muy alto para no estorbar el tráfico de Cuatro Vientos, se podía observar a la Pitts ensayando las acrobacias para el día siguiente. Para acabar, y como premio al puñado de asistentes que quisieron quedarse hasta el último momento,  el Mosca y el T-6 dieron una preciosa pasada de despedida antes de dar por finalizada la sesión. Todo listo para la primera exhibición de 2016.

El Fairchild Modelo 24 tomando tierra en la pista 28 (foto Shery Shalchian)

En el corralito comienzan a rodar las Bücker, pero también ellas se van a ir derechas al hangar. Al virar hay que sujetarlas por el plano que recibe el viento para que no se levante del suelo a pesar de que el piloto lo esté compensando ya con los alerones. Les sigue el Boeing Stearman, con el que tampoco se van a correr riesgos, y el British Eagle II. ¿Significa eso que nos vamos a quedar sin exhibición? ¡No, ni mucho menos! Hacia la pista se encamina la Formación “Charlie”, compuesta por la AISA I-115 y la De Havilland Chipmunk, la Formación “Eco” con el T-6., el Mosca y el Twin Beech -sólo se echa en falta a la Mentor, pero tranquilos, que su reparación va por muy buen camino-, y finalmente la Pitts Special, que deberá cerrar el evento con su tabla acrobática.

Unos minutos más tarde llegan ya la I-115 gris y la amarilla Chipmunk y todas las cabezas se giran para seguir su paso. A pesar de lo que les pueda estar estorbando el viento mantienen un fantástico vuelo en formación en todo momento, sin apartarse la una de la otra ni siquiera en los virajes, prolongando la actuación con alguna pasada de más para compensar un poco al público por los que no habían podido despegar.

La AISA I-115 y la De Havilland Chipmunk. (foto Fernando Yubero)

Apenas se retira la pareja hispano-canadiense entran en escena los de la “Eco”. El Twin Beech viene al frente, escoltado por el T-6 y el Mosca, uno en cada plano, como si estuvieran sujetos con alambres. El sonido de los Pratt&Whitney de los americanos y el M-25 del ruso pone el vello de punta.  Después de varias pasadas el Twin-Beech rompe la formación y se incorpora al circuito de aterrizaje, dejando solos al T-6 y al Mosca. Un rato antes de comenzar podía verse a sus respectivos pilotos, Quique Bueno y Carlos Valle, repasar el ejercicio a realizar junto a sus aviones. Ahora no son sus manos las que se cruzan en el aire, sino sus bellísimas máquinas.

El North American T-6 y el Polikarpov I-16, plano con plano. (foto Fernando Yubero)

A continuación, cada uno de ellos por separado nos obsequia con una espectacular actuación. El T-6 hace varias figuras acrobáticas que acaban con un tonel ascendente precioso, mientras que el Mosca ejecuta una alucinante pasada a toda velocidad que seguramente termina de secar la humedad de la pista, acabando también él con un tonel que es puro lujo.

Nuestro amigo Fernando lo captó así de bien. (foto Fernando Yubero)

Ya sólo queda la Pitts, con el incombustible Luis Cabré a los mandos. Por los altavoces comienza a sonar un vals y allá en las alturas el pequeño biplano rojo va enlazando una filigrana tras otra, seguido por el humo blanco que deja su recorrido impreso en el cielo durante unos breves segundos, antes de que el viento lo disperse. No es fácil mantenerse dentro de la “caja” metido dentro de esa corriente de veintitantos nudos que pugna por arrastrar la aeronave lejos del aeródromo, pero el que está sujetando la palanca no es precisamente un novato en estas lides. De nuevo, y por aquello de que vale más una imagen que mil palabras, contamos para ilustrarlo con otra foto de nuestro amigo Fernando, a quien no le tembló el pulso a pesar de que él mismo reconoce que estaba casi tiritando -igual le pasó a este cronista en el corralito mientras esperaba quietecito durante la media hora larga de arranque de motores, ¡qué frío!-.

Con la Pitts felizmente posada en tierra terminó esta mañana sólo apta para los más “FIOleros”. Os esperamos en marzo, seguramente con algo más de calorcito.   Texto: Darío Pozo Hernández Fotografías: Shery Shalkian, Fernando Yubero

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