Y nos cayó la DANA…

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El pasado lunes 28 de agosto retomábamos la actividad habitual en la FIO, una vez finalizadas las vacaciones de nuestro equipo de mecánicos y personal de administración. Apenas da tiempo a comentar qué tal: por mucho que se dejara todo preparado en el momento de cerrar la puerta del hangar el último día de julio, no hay un minuto que perder si queremos que esté todo listo para la exhibición del domingo 3 de septiembre, ¡hay que revisar casi una veintena de aviones y asegurarse de que estén en perfectas condiciones para el fin de semana! Por otro lado, y al igual que sucede en febrero, el no haber tenido demostración de vuelo el mes previo añade una presión adicional al asunto. La norma indica que, para poder participar en los vuelos del domingo, cada uno de nuestros pilotos debe haber llevado a cabo un mínimo de tres tomas y despegues en el avión asignado dentro de los últimos tres meses, de lo contrario tendría que quedarse en tierra y esperar a una nueva oportunidad para entrenar a los mandos de su aeronave. Por lo tanto, aquellos que no volaran en julio pero sí lo hubieran hecho en junio estarían ya al límite, mientras que cualquiera que por la razón que fuese no pudiera volar ahora se encontraría en esa misma situación al llegar la exhibición de octubre. El caso peor sería que, por algún motivo, normalmente meteorológico, no se pudieran celebrar ni el entrenamiento ni la exhibición de septiembre, lo que haría que todos nuestros pilotos voluntarios llegaran justos a octubre y algunos ni eso. Hasta ahora esto no nos había pasado nunca, septiembre suele empezar con buen tiempo y temperaturas más benignas que las de julio, pero esta vez venía la DANA…

A lo largo de la semana, los trabajos prosiguen como si la tormentosa amenaza no existiera: se cambian aceites, se limpian bujías, se lavan aviones, se planifican entrenamientos y tripulaciones, se preparan planes de vuelo, se convoca a los voluntarios de los distintos equipos y se asignan tareas en función de su disponibilidad, se comprueba el material y, en fin, se llevan a cabo la infinidad de pequeñas gestiones necesarias, que no por conocidas y rutinarias dejan de llevar su tiempo. Para nuestra consternación, a medida que pasan los días las perspectivas no mejoran: disfrutaremos de cielos despejados hasta el mismo viernes, pero el sábado empiezan los truenos.

En la oficina el teléfono no para de sonar, lo mismo que no cesan de llegar correos electrónicos de personas que han adquirido entradas o tienen intención de hacerlo y quieren asegurarse de si se va a celebrar o no la demostración, así como saber qué pasa con sus entradas si finalmente no se hace. Más de una vez nos preguntan si, ante una duda más que razonable por meteorología adversa, no sería mejor cancelarla con antelación. La respuesta a esta cuestión es negativa, y no sólo porque seamos unos optimistas irredentos y esperemos siempre, hasta el último momento, que se abra un claro. Como hemos explicado unas líneas más arriba, tenemos el problema de los entrenamientos de los pilotos, que de no llevarse a cabo nos podrían complicar mucho las cosas para el mes que viene. Por otro lado, en caso de no acertar y que finalmente hiciese buen tiempo, recibiríamos quejas en sentido contrario, siempre hay alguien que viene desde fuera de Madrid y teme perder los billetes o la reserva de hotel, pero por encima de todo está nuestro deber de seguir contribuyendo a la difusión y el conocimiento de nuestro patrimonio aeronáutico: hay que intentarlo siempre. Después de todo, tampoco se cancelan los grandes conciertos hasta que no queda más remedio. Total, que seguimos adelante, como hemos hecho mes a mes desde que se creó la Fundación.

El sábado amanece con chaparrones y los prometidos truenos, pero a partir de las 9:00 empiezan a calmarse los cielos. Parece que va a haber hueco… Cuesta creerlo, pero así es, y uno tras otro todos los aviones previstos van despegando para los entrenamientos y, para nuestra sorpresa, con más facilidades que nunca. Como la mayoría de las escuelas y clubes de vuelo de Cuatro Vientos han suspendido sus actividades teniendo en cuenta las poco halagüeñas previsiones meteorológicas, resulta que tenemos el aeropuerto prácticamente para nosotros solos. Apenas hay movimiento en la plataforma que no sea el nuestro, por lo que no hay problema para ensayar las formaciones aquí mismo, aunque a mayor altura que en las demostraciones para no estorbar a posibles tráficos, y tampoco hay impedimento por parte de la torre para que hagamos tantas tomas y despegues como necesitemos, tanto en la pista de asfalto como en la de terreno natural. ¡Lo nunca visto, con el follón que hay en Cuatro Vientos cualquier sábado del año! Para los pocos socios de la FIO que se han desplazado para presenciar los entrenamientos es un regalo inesperado, ya que normalmente sólo se ve a los aviones despegar y regresar una hora más tarde. A las 13:00 estamos ya guardando los aviones en los hangares y nuestros voluntarios han dejado todo preparado para recibir al público que decida acudir a pesar de las predicciones, ha salido todo a pedir de boca. ¡Quién nos lo iba a decir, tras despertar con el ruido de las tormentas!

Hay bastantes posibilidades, eso sí, de que mañana sí que nos caiga “la del pulpo”…

El domingo, pilotos, mecánicos y resto de personal nos ponemos en marcha bien temprano. El primer briefing, el de los voluntarios “azules”, es a las 8:15, y a esa hora ya estarán también los de Operaciones preparando los vuelos. Nos acompaña un grupo de la Fundación ENVERA, que aunque no han tenido mucha suerte con el día parecen estar disfrutando de lo lindo. Sólo por ellos ya ha merecido la pena venir…

Parte del equipo azul con nuestros amigos de ENVERA

¿Previsiones actualizadas? El frente viene desde el sur y trae muchísima lluvia y vientos considerables, pero parece que no va a alcanzar Madrid hasta pasadas las tres de la tarde. ¿Será posible que nos dé tiempo a realizar la demostración con normalidad?

Una visita guiada ligeramente pasada por agua

A las 11:00, a pesar de que en el corralito llueve ligeramente, se ha tomado ya la decisión de continuar, se espera que a las 12:00 hayan cesado las precipitaciones y que el tiempo aguante hasta que hayamos terminado. Los aviones se han colocado ya en sus posiciones para la exhibición estática, las cabinas protegidas con capotas, y poco a poco el público va llegando. Con lo que se esperaba, son poco más de 200 las personas que se han arriesgado a venir, apenas un 10% de nuestro aforo, pero vamos a trabajar igual que si hubiésemos colgado el cartel de lleno. Comenzamos la visita guiada a las 11:20, como de costumbre, con los paraguas abiertos durante los primeros minutos, pero el pronóstico se cumple y, cuando aún vamos por la mitad, ya ni siquiera chispea. Durante todo este tiempo no paramos de consultar la meteorología actualizada y de mirar las aplicaciones que indican la posición de las tormentas según el radar. Es increíble, pero parece que sí, que vamos a tener suerte.

A las 12:45, según está planificado, empiezan a arrancarse motores.

A las 12:55 están todos en marcha.

A las 13:00 inician el rodaje.

A esa hora, justo cuando debe dar comienzo la exhibición, una simple mirada hacia el sur nos revela que la cosa va a estar mucho más apretada de lo que parecía hace tan sólo un rato. Un muro oscuro se aproxima hacia nosotros, puede que no dispongamos de más de 40 minutos. En lo alto de la torre de megafonía, el director de la exhibición consulta con su equipo, es mejor ser prudentes. Se toma la decisión de dejar en tierra al velero, el Slingsby Swallow -más conocido entre nosotros como “Pepsicolo”-, y la Dornier 27, que estaba ya dispuesta para remolcarlo, regresa por la cabecera de la pista 27. Las nubes siguen acercándose, casi se diría que han cogido carrerilla. Se cancela también la participación de la formación Alfa, es decir, los aviones que realizan su demostración en solitario, e instantes después se da orden de volver al hangar a los componentes de la formación Bravo -compuesta en el día de hoy por Moth, Stearman y Fleet 2-. Van a salir tan sólo las formaciones Delta -las Bücker- y Eco -los pesados-, seguidas de Ramón Alonso, que debe cerrar la exhibición con su ejercicio acrobático en su Sukhoi Su-31. En condiciones normales, las distintas formaciones despegan en orden inverso a su participación, por lo que los de la Eco son siempre los primeros en irse al aire, pero con tal de ganar tiempo se opta porque salgan por delante los de la Delta y que, en lugar de alejarse hacia la zona de espera asignada, entren en formación lo antes posible y realicen sus pasadas sin más dilación. El “speaker”, que no es otro que quien esto escribe, se afana en intentar explicar a nuestros visitantes lo que está sucediendo.

El impecable rombo de la Delta

Despega por fin la Jungmeister, el biplano plateado que fuera montura del inolvidable José Luis Aresti, y tras él, una tras otra, las tres Bücker Jungmann. Cada avión va ciñendo el viraje a derechas buscando su posición tras el líder y, al final del tramo de viento en cola, ya están los cuatro en sus respectivas posiciones en el rombo. Lo previsto es que ejecutaran dos ochos y medio, pero dado que el tiempo apremia se les da aviso para recortar uno de los dos ochos. Mientras toman tierra en la pista de terreno natural despegan ya Twin Beech, T-6 y Mentor y, al igual que han hecho las Bücker, comienzan a adoptar sus respectivas posiciones, pero ya es tarde, el nubarrón ya está aquí.

El T-6 nada más despegar… y justo antes de volverse para la toma.

Con las primeras gotas descargando ya sobre Cuatro Vientos y la visibilidad reduciéndose poco a poco, el director de exhibición toma la única decisión posible: ordenarles abortar su demostración y tomar cuanto antes. Así lo hacen, mientras por megafonía avisamos al público de la suspensión por hoy de los vuelos. Nadie se extraña, porque está empezando a arreciar la lluvia.

Formación Eco rodando de vuelta al hangar bajo lluvia intensa

¿Qué hacer ahora? Han volado cuatro aviones, o siete incluso, dado que además de a las Bücker se ha podido ver a los integrantes de la formación Eco, aunque sólo sea despegar y aterrizar. Lo escrito es que si vuelan un mínimo de tres la demostración se considera válida, pero teniendo en cuenta las circunstancias tan extraordinarias y lo que han aguantado los dos centenares de personas que nos han acompañado hoy, se opta por considerar la exhibición cancelada y, por lo tanto, las entradas adquiridas seguirán siendo válidas para cualquier otra demostración durante un año completo.

Los pilotos se van a hacer el debriefing, los mecánicos guardan los aviones y se ponen mano a la obra para secarlos, los voluntarios recogen carpas y elementos de seguridad, se guarda la megafonía, todo está empapado. Nos hemos quedado con una sensación agridulce, unos minutos más de tregua y la exhibición se habría podido celebrar casi completa. Qué rabia. Obviamente no van a salir las cuentas, no se van a cubrir gastos con lo poco que se haya vendido en la tienda, pero al menos lo hemos intentado, cuando no se puede no se puede… Mientras tanto el frente tormentoso avanza por la península causando estragos a su paso e incluso, desgraciadamente, algunas víctimas, pero de eso no nos enteraremos hasta más tarde. Nos queda el consuelo de saber que doscientas y pico personas se han ido de Cuatro Vientos convencidos de que en la FIO lo damos todo por la aviación histórica y que lo vamos a seguir haciendo en el fututo…

…aunque nos caiga la DANA.