30º no son nada (Exhibición 07 de julio de 2019)

7 de julio de 2019, 9:00. Se abren las puertas del hangar-museo y los mecánicos de la FIO empiezan a empujar aviones hacia el corralito. Si a algo le tememos esta mañana es al calor, aunque según las previsiones no llegará a los extremos de hace una semana, cuando los termómetros señalaron 40 grados o más en buena parte de la geografía española. Hoy se esperan máximas en torno a 33 grados, lo que ya podría ser demasiado para los aviones más delicados a ese respecto, pero con un poco de suerte a la hora de la demostración en vuelo aún estaremos por debajo de esa línea roja. Ahora mismo el viento está prácticamente en calma y, según el TAFOR, no será un problema en ningún momento. De los aviones previstos se va a tener que quedar en tierra el Dragón Rapide, al que ayer, tras su vuelo de entrenamiento, se le detectó una pequeña fuga de aceite que habrá que revisar. Este contratiempo de última hora obligará a prescindir de una de las formaciones previstas. Éste y otros detalles se repasarán concienzudamente dentro de un rato, durante el briefing de pilotos. Mientras tanto, el grupo de voluntarios “azules” empieza a prepararlo todo antes de que, dentro de hora y media, comiencen a llegar los primeros visitantes. A las tareas habituales se añade una que la meteorología reinante convierte en imprescindible: hay que regar el corralito, completamente reseco, en parte para que cuando los aviones arranquen motores no se levante demasiado polvo, pero sobre todo para que una chispa inoportuna no nos obligue a echar mano de los extintores. Más vale prevenir que curar. Unos minutos antes de las 11 -hoy vamos con adelanto- abrimos las vallas para dar inicio a la exhibición estática. El puesto central lo ocupa el colorido Sukhoi de Cástor Fantoba, con el que el campeón navarro dará cierre a la exhibición. Poco a poco la explanada se va llenando de público, aunque hoy nos quedaremos lejos de completar el aforo máximo, seguramente por temor a la canícula -finalmente la cosa no va a ser para tanto-. Nuestro speaker, micrófono en mano, se dirige ya hacia donde se encuentra nuestro avión más venerable, la De Havilland Moth fabricada en 1928, aunque al mirarla nadie diría que tenga más de unos pocos años, tal y como la cuidan los compañeros del CRM (Centro de Restauración y Mantenimiento).

Comienza la visita guiada

Mientras Javier comienza a explicar, un mes más, la evolución de los diseños aeronáuticos en aquellos años 20, 30 y 40 en los que se pasó del biplano al reactor, así como las anécdotas, los grandes vuelos y las películas clásicas en las que estos aeroplanos han sido protagonistas, en nuestro Taller Infantil un total de 25 niños y niñas, repartidos en dos turnos, se dispone a enfrentarse a una misión de lo más especial. Hoy aprenderán cómo se llevan a cabo las labores de extinción de incendios con medios aéreos, y como no puede ser menos les vamos a hablar mucho y bien de nuestro querido Grupo 43 del Ejército del Aire, los merecidamente populares apagafuegos. Tras las explicaciones de Victoria y Mateo, los dos voluntarios que hoy ejercen como instructores de la bulliciosa tropa, comienza el entrenamiento práctico. Divididos en dos equipos, cada cadete pilotará un “Canadair” consistente en una esponja amarilla -no hemos encontrado ninguna amarilla y roja, que habría sido lo ideal-, con la que recargarán agua en un barreño lleno de agua que hará las veces de embalse, para dirigirse después a toda velocidad hacia sendos cubos colocados en el otro extremo de la carpa, supuestos incendios en ciernes, donde deberán efectuar sus descargas afinando la puntería. Como las condiciones no tienen por qué ser ideales, además deberán esquivar varios obstáculos -una cadena de plástico es un cable de alta tensión, un par de pivotes simulan ser torres, una caja es una montaña…- evitando, por supuesto, colisionar en vuelo a lo largo de la maniobra, mientras nuestros voluntarios les estorban con dos mini-ventiladores “escupe-agua” que simulan turbulencias. Para que el controlador en tierra pueda realizar una adecuada coordinación de las operaciones, cada piloto deberá informar con su indicativo en el momento de la carga y de la descarga, lo que añadirá realismo al ya de por sí tremebundo ejercicio.  La voz del speaker a través de la megafonía compite -y pierde- contra los gritos de “¡FOCA 1 cargando!”, “¡FOCA 3 descargando!” que salen de dos docenas de jóvenes gargantas. Nos resulta muy satisfactorio comunicar que todos nuestros pequeños “Botijos” cumplieron una vez más con su misión sin que se registrara incidente alguno.

Dos “FOCA” en acción durante el trepidante simulacro

A las 12:25 comenzamos a arrancar motores y, uno tras otro, los aviones se van rodando camino de la cabecera de la pista 09.  Tan sólo se queda en la plataforma, esperando su momento, el Sukhoi de Cástor, a quien vemos sentado en el suelo a la sombra de uno de sus planos. Estamos a 30 grados, lo que sin duda es bastante calor, pero no tanto como para que no puedan irse al aire nuestras Bücker, que son a las que menos les gustan los días tórridos.  En lo alto de Cuatro Vientos la Dornier-27 va ya remolcando al velero K6 CR de 1962, al que su vistoso color amarillo hace perfectamente visible en mitad del cielo. Aún está muy arriba mientras despegan los aviones a motor, cosa que hacen a la vista del público gracias a la escasa fuerza del viento, que ha permitido salir por la 09 a pesar de que hasta hace unos minutos la pista activa era la 27.

El K-6 sobre Cuatro Vientos

Pasan en solitario, luciendo sus siluetas ante la mirada y las cámaras de aproximadamente un millar de personas, la Stinson 108 Voyager, la Piper L-4, la Bücker Bu-133 Jungmeister, que en principio tendría que haber ido acompañando al Dragón Rapide, la AISA I-115 “Garrapata” y la De Havilland Chipmunk, que hoy van por separado porque ayer no hubo ocasión de entrenar la formación.

Despegue de la Bu-133 Jungmeister

Las dos Bücker Bu-131 -CASA 1131- Jungman se lucen en formación cerrada, tan juntitas que desde ciertas perspectivas se diría que van enganchadas la una a la otra. La formación más nostálgica es la que componen el Boeing Stearman, la De Havilland DH-60 Moth y el Polikarpov PO-2, un americano, una inglesa y un ruso cogidos casi de la mano, lo que en nuestro caso no es el comienzo de un chiste sino una preciosa estampa de película, una combinación que es casi imposible de admirar en ningún otro lugar del mundo que no sea este, nuestro aeródromo decano en España.

Un americano, una inglesa y un ruso

Mientras por la plataforma vienen ya de vuelta los primeros aviones en participar en la demostración, el ruido de cuatro potentes motores anuncia la llegada de los más pesados, el Beechcraft C-45 Twin Beech, el North American T-6 Texan y la Beechcraft T-34 Mentor. Después de varias pasadas en perfecta formación, el Twin Beech rompe hacia arriba casi como si fuera un caza. Algunos de los asistentes se miran entre sí un tanto sorprendidos hasta que alguien aclara: –  Es que hoy lo lleva Ramón Alonso.

El Twin Beech en plena pasada

Con eso ya está todo dicho. No se puede ser campeón del mundo de vuelo acrobático (2007) y 17 veces de España -“¿17?” “Sí, sí, 17”- y que no se note aunque sólo sea un poquito. Sus pasadas van sucedidas de las del T-6 y las de la Mentor, luciendo los colores de sus días en la Academia General del Aire. Una vez más, al verlos, no parecen haber pasado décadas desde entonces, sino apenas unos días, gracias al mimo con el que son mantenidos.

T-6 y Mentor en formación “apretada”

El Stinson Voyager, que había salido hace unos minutos llevando a bordo al afortunado socio que ha ganado la plaza de vuelo en el sorteo, regresa sin haber despegado. El piloto ha notado algún problema en la radio y, como siempre -pero siempre, siempre, siempre-, la seguridad es lo primero, por lo que el pasajero del día empezará a contar desde ya los días que faltan hasta que llegue la exhibición de septiembre y pueda tomarse el desquite. Sólo queda Cástor Fantoba, que después del despegue se mantiene a pocos metros del asfalto de la pista hasta llegar justo delante del público, y justo en ese instante levanta el morro hacia el cielo y sube como un auténtico cohete mientras va realizando toneles. Esto sí que es hacer una entrada. Por los altavoces suena el vals que le va a acompañar musicalmente durante su exhibición acrobática, junto con la voz de nuestro compañero Javier Aranduy, que también sabe lo suyo de volar cabeza abajo y ejerce hoy como comentarista. Javier nos recuerda el excepcional palmarés de Cástor, campeón de Europa en 2014, doble medalla de bronce en el Mundial de 2015 y campeón de España en 9 ocasiones, y va describiendo cada una de sus maniobras a lo largo de una tabla acrobática que dura casi 10 minutos, durante los cuales se repiten unánimes los aplausos del respetable. Tras aterrizar, y como ya viene siendo tradición, detiene el avión muy cerca del corralito y se acerca a estrechar manos y firmar autógrafos, algo que agradecen especialmente los más pequeños, pero también muchos mayores.

Cástor Fantoba explicándole a la gravedad lo que opina de ella

Mientras empezamos a recogerlo todo, nos comunican que tenemos nueve socios protectores más que antes de empezar la exhibición, así que aprovechamos para darles desde aquí la bienvenida a la familia FIO. Los últimos rezagados pasan por nuestra tienda a llevarse algún recuerdo, un parche, un llavero, o quizá una camiseta de las Brujas de la Noche, que hemos tenido que reponer porque se habían acabado -ya se lo diremos al dibujante,  se pondrá muy contento-. Todo ayuda a que podamos seguir manteniendo en vuelo nuestras veteranas aeronaves para deleite, esperamos que por muchos años, de cuantos quieran venir a verlas.
¡Nos vemos en septiembre!
 Texto: Darío Pozo Hernández
 Fotografías: Shery Shalchian y Paco Rivas

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