En el día de hoy, a primera hora, entre otros muchos preparativos que deben llevarse a cabo antes de que empiece a llegar la gente, hemos colocado las banderas a la entrada a nuestro corralito. A media asta. En esos primeros momentos, como apenas sopla nada de viento, se las ve caídas y mustias, como si buscasen abrazarse, cada una a su mástil, en busca de un imposible consuelo.
Hacía tiempo que no se vivía en España una semana tan triste como esta, una tragedia semejante. El lodo cubre aún Valencia y también otros lugares, todavía se busca a los desaparecidos. Las imágenes de lo sucedido ya no las vamos a poder olvidar nunca, sobre todo aquellos a los que les ha tocado vivirlas en persona. Sería fácil dejarse llevar por el desánimo, no somos ninguno de piedra, pero lo cierto es que a nadie ayudaríamos así. Tenemos una misión, la misma desde hace 35 años, que es volar nuestros aviones y seguir difundiendo Historia, y quizá, al hacerlo, encontremos la forma de aportar también nuestro granito de arena, de hecho ya hay planes para ello. Así que venga, todos en marcha…
Hay que decir que el trabajo ha sido arduo desde la exhibición del mes pasado, tan complicada a causa del viento. Los mecánicos no han parado y en el CRM (nuestro Centro de Restauración y Mantenimiento) no ha sobrado ni un minuto. Los dos Polikarpov, el Po-2 y el I-16, están en el taller pasando su revisión anual y no vamos a poder contar con ellos en esta demostración. Mejor suerte ha corrido el Stieglitz, que ya está preparado, mientras que al resto de los previstos, más de 15, se les ha realizado el necesario mantenimiento. En paralelo ha continuado a buen ritmo la restauración del T-6 accidentado en 2007, que ya parece removerse inquieto, posado por fin sobre su tren de aterrizaje después de haberse pasado casi 17 años subido en andamios, y con su Pratt&Whitney, que parece nuevo, bien anclado en el morro. Ya le va quedando menos.
En los despachos tampoco ha habido descanso, aunque las noticias no pueden ser mejores: por fin se ha firmado, entre todas las partes, el histórico acuerdo para el traslado de la colección FIO a un nuevo emplazamiento en Getafe, bajo el paraguas protector de nuestro principal patrocinador, la empresa Airbus. Las imágenes digitales de lo que será el futuro edificio, que albergará tanto el museo como el CRM y las oficinas, parecen cosa de ensueño y, sin embargo, de aquí a poco más de dos años, deben haberse convertido en realidad. El esfuerzo para llegar hasta aquí ha sido ímprobo, el que queda por delante hasta llevar a cabo el proyecto amenaza con ser épico… ¡pero merece tanto la pena! Todo se ha hecho, y se tendrá que seguir haciendo, en paralelo con las labores habituales de administración de una organización como la nuestra, que además tiene la osadía de preparar diez eventos aeronáuticos al año con una asistencia media de 2.000 personas en cada una.

Nuestro futuro museo en Getafe
El equipo de Operaciones, por su parte, ha estado preparando cada detalle de la demostración. Se han planificado cuidadosamente los tiempos, ajustando cada intervención para que en total todo dure una hora exacta, ni más ni menos. Se han revisado las áreas de exhibición, con especial atención a los posibles obstáculos, como pueden ser las torres de luz del aeródromo. Se han coordinado los entrenamientos previos, haciendo gestiones para que el sábado sea posible que el equipo de Ainhoa Sánchez por un lado y los Yak-52 por otro puedan practicar sobre el mismo aeropuerto, lo que implica cerrar el espacio aéreo de Cuatro Vientos durante media hora con la indispensable colaboración de la torre. Se han hecho los planes de vuelo, confirmado que cada uno de los participantes tenga sus papeles en regla, preparado el briefing tanto del día de entrenamiento como el de la propia exhibición, se ha decidido dónde colocar los aviones para la demostración estática… Son docenas de tareas que no se ven, pero que son imprescindibles para que después salga todo bien.
Los entrenamientos del sábado se han llevado a cabo con normalidad, sin averías ni sorpresas y, llegado el domingo, los más madrugadores son los voluntarios “azules”, que a las 8:15 ya están todos en la sala de briefing. Entre otras cosas, se repasan las asignaciones de personal a cada área, las tareas a realizar, las posibles novedades, se recuerdan las salidas de emergencia y los procedimientos de evacuación, y hoy, además, hay que dejar tiempo para un humilde pero muy necesario homenaje. Hace justo dos meses, el día de la exhibición de septiembre, uno de los vigilantes de seguridad contratados no se presentó y hubo que pedir con urgencia un sustituto. No podíamos saberlo entonces, pero a Juanki, como lo conocían sus familiares y amigos, se lo había llevado por delante un conductor que circulaba en sentido contrario cuando acudía a Cuatro Vientos en compañía de un amigo. Estos profesionales, nunca suficientemente valorados, están siempre ahí, en su puesto, y nadie repara mucho en ellos salvo el día que surge un problema y tienen que intervenir. Son fundamentales, pero casi nunca les damos las gracias, o no lo bastante. Por eso hemos querido tener un recuerdo para Juanki al final del briefing, al que ha acudido parte de su familia, y lo emotivo del momento viene a sumarse a lo que ya llevábamos todos encima por los dramáticos acontecimientos de esta semana, algo que va a seguir presente durante todo el día. Con las miradas aún brillantes, los azules se ponen a trabajar a las 8:45 clavadas. Lo primero son las ya mencionadas banderas.
En el CRM, los mecánicos y los voluntarios “naranjas” están ya realizando su propio briefing, cosa que hacen de pie, delante de los aviones. El aspecto más importante, como siempre, es la seguridad, tanto de las aeronaves participantes como de las personas, y hay que recordar las precauciones básicas en el arranque de motores o qué hacer en caso de detectarse un conato de incendio. En torno a las 9:15 ya están llevando al corralito los aviones que van a participar en la exhibición. Los más grandes, el T-6 y el Twin Beech, se trasladan utilizando un vehículo tractor, pero los demás hay que empujarlos a mano. Otro y otro y otro… Una vez colocados y calzados, aún quedan cosas que revisar en cada uno, comprobar niveles de aceite, quitar las capotas que protegen las cabinas, etc. Todo tiene que estar acabado antes de las 10:30, cuando ya tendremos a los primeros visitantes entrando por la puerta. Allí están ya los voluntarios asignados a la taquilla, a los que les cae cada mes la nada envidiable tarea de gestionar el acceso de hasta dos millares y medio de personas.
A las 10:00, siempre en punto, da comienzo el tercer briefing, el de los pilotos, en el que se refleja todo el trabajo previo realizado por los miembros del equipo de Operaciones. Horarios, frecuencias de radio, recomendaciones de seguridad, meteorología, orden de rodaje, despegues y aterrizajes tanto en pista de asfalto como en la de terreno natural, zonas de espera para las formaciones, maniobras a ejecutar por parte de cada cual, campo alternativo en caso de problemas (habitualmente Getafe). Nada queda al azar ni a la interpretación personal, todo se ha repetido y entrenado y aun así se vuelve a insistir en cada punto. Nuestros pilotos voluntarios, que son todos profesionales de la aviación comercial o militar y, no pocos de ellos, pilotos acrobáticos de reconocido prestigio, toman notas, aclaran dudas, sincronizan relojes y salen dispuestos a hacer su trabajo un domingo más. A ellos se unen el piloto de Ainhoa y los de los Yak-52, que respectivamente abrirán y cerrarán la exhibición, que por la naturaleza de sus actuaciones tienen consideraciones especiales.
A las 11:15, con la mayor parte del público ya en el corralito, damos comienzo a la visita guiada. El sábado se revisa siempre la megafonía, pero el domingo siempre nos da quebraderos de cabeza. Las interferencias producidas por dos docenas de walkie-talkies y casi dos millares de móviles se notan, así como el hecho de que los más altos de nuestros visitantes a veces se interponen entre la base de inalámbrico que lleva a cuestas el “speaker”, al que no ficharía ningún equipo de baloncesto, y las antenas de la torre de megafonía. En paralelo se lleva a cabo el taller infantil, con todas las plazas cubiertas como de costumbre, y los voluntarios que están en el stand de socios y en la tienda están a tope. Precisamente en la tienda va a estar el foco de nuestra colaboración con los afectados por la DANA. Se ha decidido donar, a través de la Fundación SEPLA Ayuda, el 50% de los beneficios obtenidos con las ventas de todos nuestros productos. A esto se va a unir la donación del 100% de lo ingresado por la venta de unas litografías históricas que ha traído uno de nuestros pilotos, y también el 100% de lo obtenido con los ejemplares que se adquieran del libro “Aviadoras: la edad dorada”, que acabarán siendo todos los que había en existencias. Lo de elegir a SEPLA Ayuda no es casual, y es que Iberia y Vueling se han ofrecido a aportar 200 euros de su cuenta por cada 100 que se reciban, lo que va a multiplicar el valor de nuestra pequeña ofrenda.
A las 12:30, terminado ya el recorrido histórico por cada uno de los aviones que forman parte de la demostración, los miembros del equipo de pilotos voluntarios se reúnen en torno a nuestro presidente, que toma el micro para decir unas palabras en memoria de las víctimas y de los miles y miles de afectados por las riadas. A ellos va a estar dedicado el vuelo de hoy, pero también a un aviador caído hace unos meses (esto lo comentaremos un poco más adelante).

El momento de la dedicatoria
En octubre no pudo ser, pero en esta ocasión sí que vamos a poder disfrutar del debut en Madrid de Ainhoa Sánchez, la primera y única “wingwalker” española, que después de más de diez años persiguiendo este sueño por fin lo va a ver hoy cumplido. El Stearman blanco y rojo se hace al aire, toma altura, y en la primera pasada frente al público podemos observar como Ainhoa abandona la cabina delantera y se encarama ágilmente al plano superior. La maniobra está más que ensayada y Ainhoa va equipada con un cable de seguridad o “línea de vida” que impediría su caída en el caso de que diera un traspiés, pero a pesar de todo impresiona ver a alguien subirse en lo alto de un avión en pleno vuelo y a poco más de 60 metros del suelo. Entre vítores y aplausos, el precioso biplano se desliza varias veces frente a los espectadores y, en cada una, Ainhoa va modificando la postura para acabar saludando desde ahí arriba en la última pasada. Posteriormente, tras el aterrizaje, rodarán hasta la plataforma y ejecutarán un trompo con el sistema de humo activado para poner el broche final a su actuación, que no ha dejado a nadie indiferente.

Ainhoa Sánchez y Fran Sirvent en plena actuación
A continuación, despegan todos nuestros aviones en orden inverso a su participación: primero sale la formación Eco, luego la Delta, después la Bravo (Stearman y Fleet 2 desde la pista de asfalto, la Moth desde la de terreno natural) y, finalmente, uno a uno, los aviones de la formación Alfa, que hacen su demostración en solitario. Vemos evolucionar a la Stinson Sentinel y a la Voyager, a la Piper L-4, la Jodel Compostela y al Stieglitz (la SIAI Marchetti se queda en tierra por un problema de última hora), pero en esta ocasión el protagonista va a ser un pequeño aeroplano diseñado en los años 20 por Jean Roché y que revolucionó la aviación deportiva en Estados Unidos durante buena parte de los 30. Se trata del Aeronca C-100, la versión británica de la famosa “Flying Bathtub” o Bañera Volante, que hiciera las delicias de varios miles de pilotos americanos.

Nuestro Aeronca C-100 en su primera exhibición en Cuatro Vientos
Adquirido por la FIO en Inglaterra a finales de 2021, su viaje hasta España fue una pequeña odisea a causa del Brexit, que nos pilló en plena operación, y que hizo necesarios hasta tres viajes para traerlo todo. Nuestros mecánicos lo ensamblaron, lo sometieron a pruebas en tierra, lo ajustaron, y por fin, la primavera pasada, hizo su primer vuelo sobre Cuatro Vientos que sólo pudimos ver unos cuantos afortunados. Hoy lo van a presenciar, entre personal nuestro, del aeropuerto y visitantes, más de 2.500 personas. En palabras de su experto piloto: “con sus 36 caballos de potencia, es como ir subido en una hoja que en cualquier momento se la puede llevar el viento… Pero me encanta”. A menos de 90 km/h, el Aeronca se pasea por Cuatro Vientos sin la menor prisa, luciendo su muy particular figura con ese morro achatado que le hace parecer un tanto caricaturesco, y todo el esfuerzo que ha sido necesario para verlo levantarse del suelo recibe la recompensa del aplauso generalizado y varios cientos de fotografías. Desde luego, de todos nuestros aviones, es el que más fácil resulta de capturar en vuelo (como se suele decir, “va pisando huevos”).
Vendrá después la formación Bravo con el Stearman a la cabeza y el Fleet 2 y la Moth como puntos, y posteriormente la Delta con la Jungmeister al frente y dos Bücker Jungman pegadas a cada uno de sus planos. Ambas formaciones son siempre muy celebradas por el público y hoy no será una excepción. Es un privilegio poder seguir viendo volar a estos biplanos bien entrado ya el siglo XXI, y además hacerlo tan bien.
Llega el turno de los de la Eco, con el Beechcraft Twin Beech, el T-6 y la Mentor. Su demostración se va a ver parcialmente interrumpida porque, desde el lado militar del aeropuerto, tienen que despegar dos helicópteros NH-90 del Ejército del Aire que se dirigen a Valencia a participar en las labores de ayuda. Avisados de este hecho por nuestro “speaker”, dos millares largos de personas los despiden afectuosamente.
El final de la demostración va a ser lo más espectacular y también los más emotivo. Espectacular porque, si hay algo más excitante que ver a un avión acrobático llevar a cabo un ejercicio de alto nivel, es ver a dos, y Nico Goulet y Patrick Koch, a bordo de sus Yak-52, jamás nos decepcionan. Emotivo porque, para la pasada final, se les va a unir un tercer avión para ejecutar la maniobra conocida como “Missing Man”, que se hace siempre en memoria de un compañero perdido. En el día de hoy, como no puede ser menos, la Patrulla Yakstars va a dedicar en parte esta pasada a los fallecidos a causa de la maldita DANA, pero su corazón está con un conocido y querido piloto, su camarada Coco Rey, que falleció en un accidente mientras participaba con ellos en una exhibición en Beja, Portugal, el pasado 2 de junio (al mismo tiempo que nosotros volábamos en Cuatro Vientos). Uno de los miembros de la patrulla está con nosotros en la torre de megafonía narrando la actuación de los suyos, y también a él se le atragantan las palabras cuando los tres Yak-52 avanzan hacia nosotros sobre su estela de humo. El líder de la formación, Nico, tira de palanca y asciende hacia el cielo mientras sus puntos mantienen el rumbo. Esto es el “Missing Man”, la metáfora aérea que representa al amigo que nos deja para irse hacia el infinito en su último vuelo.

Los tres Yak-52 de la patrulla Yakstars iniciando el Missing Man
Mientras lo observamos, yo no puedo dejar de acordarme del domingo 8 de marzo de 2020, el último antes del terrible confinamiento, del que aún no sabíamos nada. En aquella ocasión los Yak 52 entrenaban en Casarrubios y varios voluntarios de la FIO fuimos a verlos. Tras deleitarnos con sus acrobacias en formación, una vez en tierra, Coco nos invitó a acercarnos y fue nuestro anfitrión durante el resto de la mañana. Recordándole subido en el plano izquierdo de su Yak, sonriente mientras me explicaba todo lo que había que saber sobre la cabina de su avión, al que amablemente me había animado a subir, me alegro de no ser yo el que, en este momento, tenga el micrófono en la mano. Hasta siempre, Coco.
Se ha terminado. Los mecánicos empiezan a meter los aviones de vuelta a los hangares. Los pilotos se dirigen al debriefing, donde comentarán todo lo acaecido durante el vuelo en busca de detalles por pulir o mejoras que implementar. El público va abandonando poco a poco el corralito. En el parking ya está liado el follón, es imposible sacar de golpe un millar de vehículos a una carretera de doble sentido como es la de la Fortuna, único acceso al aeropuerto civil de Cuatro Vientos. Hay gente que lo entiende y le echa paciencia, algunos pocos no. De puertas adentro empezamos a recogerlo todo, cadenas, palotes, carpas, mesas, todo el material de la tienda y, poco antes de las 15:00, nos disponemos a pagar las muy modestas dietas al grupo de voluntarios azules que han estado ayudando ayer en el entrenamiento y hoy en la exhibición. No es posible saber de dónde parte la idea, pero el caso es que uno decide donar las suyas, otro también, y al final resulta que la práctica totalidad del equipo ha decidido dejar de cobrar esa pequeña propina para donarla también a los afectados de la DANA junto con lo que se ha sacado de la tienda, de las litografías y los libros. La tristeza por el desastre se mezcla entonces con el orgullo por compartir camiseta con gente así, la satisfacción por una exhibición prácticamente perfecta con la pena por los que no volverán…
…y al final la vida sigue, terca como siempre, y el mes que viene, si la meteorología nos sigue respetando, volveremos a hacer lo que mejor sabemos hacer y, entre todos, sacar adelante otro domingo de aviones en la FIO.
Texto: Darío Pozo Hernández
Fotos: Paco Rivas y Shery Shalchian
Wow! 😳👏
Muchas gracias Darío Pozo Hernández, por trasladarnos al domingo pasado y describir de esta manera tan bonita y emotiva lo especial que fue esta exhibición. Preciosas las fotos de Sherly y Paco. Sin duda un día memorable.
Gracias al gran equipo de la FIO, voluntarios, pilotos, mecánicos, speaker..por permitirnos presenciar algo tan único.
Nos vemos pronto.
Muchas gracias por tu relato de una jornada tan importante por su contenido, además de emotiva por sus circunstancias. También me sirve para vivirla, aunque en la distancia, por no haber podido entrar con un pequeño grupo familiar en el recinto, debido a la gran afluencia y desconocer la necesidad de reserva previa. Esperamos todos con ilusión la exhibición del 2 de diciembre
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